Había habitado otros tiempos, donde el poder residía
en el principio invisible masculino- espíritu-
Vestíbulos andantes, danzantes, afortunados,
que tras pasar los años fueron andamio a su estado.
Su frase siempre fue exacta, como depósito
sin fin de palabras, acogiendo excesivamente
la caridad animada , encarnada en manos, pechos y almas...
Distribuía identificación con su mirada, trasportando ejes,
escenas y miles de frentes de batalla. Instando impresiones
fortificadas con su espada- luz-templanza-
Muchos huéspedes lo portaban,
entre agentes de todas naciones e ideologías extrañas.
Chozas, montes, cuevas, torres, palacios o toldos nómades...
Siglos, décadas, años, meses, semanas, días,
horas, segundos o instantes,
-¡Ingratos! . ¡Puro cadáveres!
Como alquilándolo a ¡pura caza!
por un tiempo lo guardaban,
luego, lo desechaban...
¡Datos, números. Carnes, huesos.
Ataúdes o frascos con arsénico!
¡Hombre enfermo!
Entresala, entrecejo, entresuelo...
Lo hallaban nuevo y luego lo acababan
en intemperie de su propio cementerio,
al ángulo del ultra océano
o estrangulado del cuello...
Había habitado otros tiempos,
donde el poder residía en el amor
codiciado y eterno.
Remedio de mil fangos
Avenencia de desordenes y pleitos.
Equipaje dorado guardado
en lugar secreto.
Siendo joven y viejo
¡Tan entablonado! o formulado como incierto.
Había existido en todos los tiempos
Enarenado, furtivo
Cíclico
Recio
Derechos autor: Mónica Lorenne. 10/6/08.
|